¿COMÓ COMENZÓ?

La idea de La isla de Tali, empezó siendo un simple nombre de instagram .

En la comunión de Natalia, a los 10 años, su familia le regaló su primer caballo, Lúa, quien con el paso de los años se convirtió en su más preciado tesoro y el motivo de todos los logros y alegrías, a quién actualmente le agradece sus valores y valentía.

A esa corta edad no tenía consciencia sobre cómo actuar con este tipo de animales, por lo que cometió lo que ahora considera “errores de todo tipo”.

Nunca es tarde para cambiar si se quiere hacerlo, por lo que al cumplir los 16 años, Natalia hizo su primer rescate casi inconscientemente, tras conocer a Chiquita, otra yegua de raza gallega, como Lúa, la cual iba a ser destinada a consumo por su “inadecuado” comportamiento, edad y poco valor económico que le daban.

Este increíble animal le enseñó el significado del respeto, quién pasó de patear o morder debido a la desconfianza o miedo que recorría en su cuerpo, a lamer y relinchar corriendo cuando la veía llegar a la finca.

Esa decisión conformó un antes y después en la vida de Natalia, quien abandonó el consumo de carne radicalmente.

Las navidades de ese mismo año, como regalo de Navidad, pidió dinero (como a esas edades se suele hacer para conseguir ropa, juegos o un móvil nuevo). Para la sorpresa de su familia, a penas un mes después, invirtió su dinero en dos vidas salvadas, Bernarda y Bernardita, dos cabras que pasaron de ser números y kg, a partes de la familia de la isla, quiénes solo tendrían que preocuparse por vivir la vida que les pertenece.

Los gastos empezaban a ascender para tan sólo una niña, por lo que gracias a los grandes valores de lucha y esfuerzo que aprendió de sus padres, empezó a pagar la alimentación y veterinarios, con pequeñas y humildes sesiones de fotos a amigos y familiares, lo que hizo potenciar su pasión por la fotografía.